Resumen
El artículo se centra en la perspectiva del uso de insectos comestibles, abordando no solo su valor nutricional y su potencial aporte funcional, sino también los retos asociados a su incorporación en la alimentación humana.
El consumo de insectos en los pueblos prehispánicos probablemente se originó gracias a la facilidad con la que era posible obtener este alimento. Podemos imaginar cómo, a prueba y error —al igual que con los frutos y plantas—, se fueron descubriendo las especies que no provocaban reacciones adversas en el organismo y cuyo sabor era agradable, primero, como alimento crudo o bajo algún proceso, como la cocción o el asado.
Sin embargo, a pesar de la rica tradición histórica por el consumo de insectos en el país, actualmente existe una ambivalencia de la población ante un platillo con escamoles, chicatanas, gusanos de maguey, chinicuiles, chapulines, jumiles, xamues o cualquiera de los cientos de especies más. La razón, sin lugar a duda, es cultural, donde tuvo mucho que ver el mestizaje entre españoles y americanos.

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